Temas de reflexión

ADORADO SEA EL SANTISIMO  SACRAMENTO
AVE MARIA PURISIMA

AÑO 2009

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Marzo


“ID POR TODO ELMUNDO Y PROCLAMAD EL EVANGELIO” (Mc 16, 15)


    Así formula San Marcos la misión universal que Jesús Resucitado encargó a los Apóstoles.
    La formulación de San Mateo es parecida: “Id y haced discípulos a todas las gentes” (Mt 28, l9); aunque a continuación, en el relato del Primer Evangelista, Jesús precisa más el contenido de esa misión o evangelización: “Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolos a guardar todo lo que yo os he mandado”. 


    Está claro que en la mente de Jesús el quehacer evangelizador de la Iglesia no es solo repetir sus enseñanzas recabando la adhesión intelectual de los oyentes, sino incorporarlos a Cristo por el Bautismo y hacerlos partícipes de los bienes mesiánicos que Él nos mereció y cuya consecución canalizó a través de los Sacramentos. Es algo que no debemos olvidar nunca, ni a nivel de vivencia personal, ni a la hora de concretar nuestro obligado quehacer en la nueva evangelización.


    No somos buenos cristianos por la simple aceptación, rigurosamente ortodoxa, de los artículos de la fe; sino en la medida en que vivimos nuestra inserción en Cristo y nuestra participación en la vida divina por los Sacramentos. Y siendo esto así, no ayudaremos a nuestros hermanos a ser cristianos auténticos, si no es promoviendo en ellos, junto a la ortodoxia de la fe, la vida sacramental.


    Por lo dicho se comprende que promover la devoción eucarística, con la participación frecuente y provechosa en la Santa Misa y en la Comunión, es una manera eficaz y práctica de contribuir a la nueva evangelización. Esa fue la consigna que Su Santidad Juan Pablo II dio a la Adoración Nocturna Española en la Vigilia que con nosotros celebró en la Basílica de San Pedro de Roma el 31 de octubre de 1983.


Pero el encargo de Cristo es universal: “Id por todo el mundo”.


    Supera las fronteras de raza y color, y no se limita al horizonte recortado de las pequeñas comunidades en las que nos movemos y actuamos.


    Y es, además, un encargo que pesa sobre toda la Iglesia: sobre todos los bautizados, desde el Papa hasta el último cristiano de a pie. Todos juntos formamos esa Comunidad Salvadora, responsable de la misión evangelizadora confiada por Cristo y depositaria de los medios de salvación conseguidos por Él y de Él recibidos para el mundo entero. No todos tenemos en la Iglesia la misma función, pero sobre todos pesa el mandato de evangelizar.


    La misión entre gentiles, que en las vanguardias de la Iglesia realizan esos hombres y mujeres a los que llamamos por antonomasia misioneros, es un quehacer obligatorio de la Iglesia entera, en el que todos tenemos que sentirnos solidarios. Ellos no son francotiradores o aventureros que eligieron esa “profesión” a capricho o por propia iniciativa. Son las vanguardias del auténtico Ejército de Salvación que es la Iglesia. Los ha enviado la Comunidad y en nombre de la Comunidad actúan. Es normal que se sientan respaldados por la Comunidad.


    Cuando uno anda, son los pies los que recorren con sus pisadas el camino. Pero es el hombre entero el que se mueve. Y todos los miembros del organismo, desde sus distintas funciones (respiración, alimentación, fuerza motriz), ayudan a los pies.


    Así en la Iglesia.


    Toda mi vida -la vida de todo cristiano en misiones o en la retaguardia- tiene que contribuir a la expansión del Reino de Dios en el mundo, para responder al mandato -honroso, pero apremiante- del Señor Jesús.

 

CUESTIONARIO

  • ¿Tengo conciencia de mi deber misionero?
  • ¿En qué medida mi oración y mis ayudas materiales respaldan el quehacer evangelizador de los misioneros?
  • ¿Me acuerdo de pedir al Señor de la mies que envíe obreros a su mies?