Temas de reflexión

ADORADO SEA EL SANTISIMO  SACRAMENTO
AVE MARIA PURISIMA

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“SEÑOR, ¿QUE QUIERES QUE HAGA?” (Hch 22,l0)


    Esta fue la respuesta de Pablo a la aparición de Jesús Resucitado, que en el camino de Damasco le hizo caer a tierra y reconocer su tremenda equivocación al perseguirle.

    Nos lo cuenta et propio Apóstol en su autodefensa ante los judíos, cuando en Jerusalén intentaron lincharle.

    Su conversión había sido fulminante.

    La leyenda posiblemente habría imaginado al converso agobiado por un angustioso arrepentimiento, convertido en un mar de lágrimas y de lamentaciones por su conducta anterior,

    Pero el testimonio auténtico del protagonista dice otra cosa.

    A Pablo le pareció tiempo perdido el que empleaba en llorar y lamentarse.

    Y no había tiempo que perder.

    Lo que había que hacer era reparar y suplir con una vida nueva la empleada equivocadamente hasta el momento.

    No cedió, sin embargo, el Apóstol a la tentación de un activismo, que hubiera sido estéril igualmente, si no se ajustaba al plan de Dios.

    No canalizó su vida a predicar a los de su raza, aprovechando su prestigio ante ellos: Habría fracasado rotundamente.

    Y es que los proyectos humanos solo tienen valor cuando se ajustan al divino querer.

    Por eso Pablo prefiere indagar la voluntad de Dios.

    Y le pregunta:

    - Señor ¿qué quieres que haga?

    No le contesta el Señor inmediatamente, sino que le manda entrar en Damasco, y allí se le dirá lo que ha de hacer.

    Y así comenzó la asombrosa actividad del incansable Apóstol de las gentes.

    Gran lección para nosotros.

    No es bueno -sino en la medida en que nos estimule a ser mejores- gastar mucho tiempo en lamentaciones por nuestros pasados yerros.

    Pero tampoco es bueno lanzarse, como reparación, a un activismo incontrastado.

    Porque no nos santifican las obras que hacemos, sino el acoplamiento de nuestro querer y obrar a la voluntad divina.

    Hay que acostumbrarse a dar más lugar en nuestras vidas a la iniciativa divina. Hay que preguntar a menudo:

    - Señor ¿qué quieres que haga?

    No siempre responderá inmediatamente el Señor.

    A veces tendremos que pedir ayuda para descubrir su voluntad.

    Y en ocasiones nos veremos precisados a guiarnos por las circunstancias y a elegir... “a la buena de Dios”.

    ¡Nunca mejor dicho!

    Para Dios esa elección es cosa grata.

    No nos hemos dejado llevar de nuestro primer impulso.

    Hemos buscado lo que Dios nos pide, y si al final obramos aparentemente por cuenta propia, es porque el Señor ha querido dejar a nuestra responsabilidad personal la definitiva elección.

    Y mejor todavía, si aun entonces -al tener que resolver por cuenta propia- le decimos antes nuevamente:

    - Señor ¿qué quieres que haga?


CUESTIONARIO

  • ¿Tengo costumbre de consultar con el Señor las decisiones que tengo que tomar en mi vida?
  • ¿Busco el asesoramiento de otros para no obrar por capricho propio?
  • ¿Estoy convencido de que sólo vale lo que hacemos en consonancia con la voluntad de Dios?