Temas de reflexión

ADORADO SEA EL SANTISIMO  SACRAMENTO
AVE MARIA PURISIMA

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«¡DICHOSOS LOS INVITADOS AL BANQUETE DE BODAS DEL CORDERO!» (Ap 19, 9)


    En cierta ocasión, uno de los comensales invitados con Jesús a comer en casa de un fariseo comentó: «¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!» (Lc 14, 15).

    La frase del anónimo comensal se explica en el ambiente de expectación mesiánica que sin duda dominaba la conversación de los convidados juntamente con Jesús a aquel banquete.

    Responde, por otra parte, a la concepción materialista que del Mesías futuro y de su reino en la tierra tenían los judíos de aquel tiempo.

    Es comprensible que un piadoso fariseo envidiara la suerte de los que un día se pudieran sentar a la mesa con el Rey mesiánico.

    Jesús aprovechó la ocasión para hacer ver a los presentes que el rechazo de su mensaje equivalía a despreciar la invitación de Dios al banquete del Reino, y que por ello los primeros invitados, que eran ellos, iban a ser sustituidos por el desecho del pueblo judío -los pobres y los impuros de Israel («plazas y calles de la ciudad»)- y por los paganos (errantes por los «caminos y las cercas») (Lc 14, 16-24; Mt 22, 2-10).

    Sorprende, sin embargo, que Jesús conservara la imagen material del banquete para expresar la naturaleza espiritual y trascendente del Reino de Dios tanto en su estadio terreno como en la etapa final de la gloria.

    Y es que ya Isaías había descrito como un banquete divino los tiempos mesiánicos: «Hará Yahvé Sebaot a todos los pueblos en este monte un convite de manjares frescos, convite de buenos vinos, manjares suculentos, vinos depurados» (Is 25, 6).

    Por ello Jesús habla repetidas veces del banquete mesiánico: «Vendrán muchos de Oriente y Occidente y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos» (Mt 8, 1 1 ). «No beberé de este producto de la vid -dijo en la Ultima Cena- hasta aquel día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios» (Mc 14, 25; Mt 26, 29). Y en la misma ocasión añadió: «Dispongo un Reino para vosotros como mi Padre lo dispuso para Mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino» (Lc 22, 29ss).

    Y lo llama «banquete de bodas»: Los discípulos eran «los invitados a la boda», que no debían «ponerse tristes mientras el novio estaba con ellos» (Mt 9, 15). En la parábola de las 10 vírgenes, «las que estaban preparadas cuando llegó el novio- entraron con él al banquete de boda» (Mt 25, 10). Y en el relato del Primer .Evangelista Jesús introduce la parábola de los invitados con éstas palabras: «El Reino de los Cielos es semejante a un Rey que celebró el banquete de bodas de su Hijo» (Mt 22, 2). Y con las Bodas del Cordero en la Jerusalén celestial termina San Juan su Apocalipsis, y oye a un ángel decir: «¡Dichosos los invitados al Banquete de Bodas del Cordero!.» (Ap 19, 9).

    Yo sé que no se trata, Señor de una simple metáfora.

    Tu Reino aquí en la Tierra es un banquete de bodas.

    Gracias a tus desposorios con la naturaleza humana que asumiste, se ha hecho posible tu presencia visible entre nosotros «para que tuviéramos vida y la tuviéramos abundante» (Jn 10, 10). Para celebrar ese inefable matrimonio, y como alimento de esa vida, instituiste, Señor, el Banquete Eucarístico: «El que come mí carne y bebe mi sangre tiene vida eterna... Lo mismo que el Padre que vive me ha enviado y Yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por Mí» (Jn 6, 54.57).

    Y banquete real. -no metafórico- será la posesión perpetua de tu Divinidad en el cielo.

    Haz, Señor, que yo responda agradecido a tu generosa y gratuita invitación.

    Golpea fuerte a mi puerta... por si me duermo.

    Repíteme con paciencia -como al ángel tibio de Laodicea- tu amorosa llamada: «Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa, y cenaré con él y él conmigo» (Ap 3, 20).

    ¡Y me llamarán dichoso todas las generaciones!

    ...Como a tu Madre, la primera que Te abrió.


CUESTIONARIO

· ¿Agradezco la invitación generosa de Dios al Banquete de su Reino, primero aquí y luego en la gloria?

. ¿Me siento dichoso de participar en él?

· ¿Lamento .la desgracia de los que no aceptan la invitación, y me presto a ayudarles para que respondan debidamente?