Temas de reflexión

ADORADO SEA EL SANTISIMO  SACRAMENTO
AVE MARIA PURISIMA

AÑO 2008

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«PADRE, PERDONALOS; QUE NO SABEN LO QUE HACEN» (Lc 23,34)


    Le han quitado sus vestiduras, le han clavado al madero pies y manos, y le han levantado a la vista de sus enemigos, que, como fieras, rugen complacidos por el triunfo sobre EI:

    -«Tú, que destruías el Templo y en tres días lo levantabas: ¡Sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la Cruz!» (Mt 27, 40).

    Da miedo pensar en ese desafío de los hombres a su Dios.

    -«¿Piensas que no puedo Yo rogar a mí Padre -le decía ayer Jesús a Pedro- y al punto pondría a mi disposición más de doce legiones de ángeles?» (Mt 26, 53).

    El cielo se está oscureciendo negramente, con amenaza de tormenta... Y se abren los labios de Jesús...

    ¿Qué va a decir? ¿Qué va a pasar?

    -¡Padre! perdónalos; que no saben lo que hacen.

    ¿Qué es lo que dices, Señor? ¿Que no saben lo que hacen?

    ¿No lo saben los sanhedritas, que han confesado: «Este hombre hace muchas señales; si le dejamos que siga así, todos creerán en él» (Jn 11, 47ss).

    ¿No lo sabe Caifás que ha sentenciado: «Es mejor que muera uno solo y no que perezca toda una nación»? (Jn 11, 50).

    ¿No lo sabe Pilatos que ha reconocido hasta siete veces no encontrar en Él, cosa digna de muerte, y que, por fin, cobardemente se ha lavado las manos y lo ha entregado diciendo: «Yo soy inocente de la sangre de este justo»? (Mt 27, 24).

    ¿No lo sabe Judas que acaba de suicidarse tras reconocer que «ha pecado entregando sangre inocente» (Mt 27, 3).

    ¿No lo saben los sacerdotes que le han contestado: «y a nosotros ¿qué? ¡Allá tú!»? (Mt 27, 4).

    ¿No lo saben las turbas que han gritado insolentes: «Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos»? (Mt 27, 25).

    ¿No lo saben o sabemos todos los que -a sabiendas- pecan o pecamos...?

    Pero debe ser así.

    Tú no estás en la Cruz para hacer frases bonitas con destino a los que coleccionan dichos célebres.

    Tú eres la Verdad Infinita.

    ¡Debe ser así!

    Los hombres no sabemos lo que hacemos cuando pecamos.

    Somos unos suicidas locos.

    A Dios no le roza siquiera nuestra ofensa.

    El único mal que hacemos es nuestro propio daño.

    No nos cuesta trabajo aceptar esto. Coincidimos contigo en la facilidad para disculpamos. ¡Ojalá coincidiéramos así en todo lo demás!

    Por ejemplo, en pensar eso mismo cuando nos ofende un hermano. Porque tampoco él sabe lo que hace.

    Pero, no. Entonces ya no coincidimos. Tenemos dos medidas: una chiquita, para medir nuestras ofensas a Dios de quien esperamos siempre que nos perdone pronto; y otra -más grande, casi infinita- para ponderar la injuria que a nosotros nos hace un hermano y que tarde o nunca estamos dispuestos a perdonar.

    Señor, tu primera palabra desde la Cruz debe alentar mi confianza absoluta en tu generoso perdón; pero tiene que obligarme a perdonar a mis hermanos con la misma indulgencia y comprensión con que

    Tú me perdonas a mí.

    Y debe hacerme inexcusable.

    Porque Tú me has enseñado lo que debo hacer.

    Y no te va a hacer caso el Padre cuando digas de mí que no sé lo que hago.

    Los que sabemos que viniste del Padre no podemos hacer lo que se hacía antes de venir Tú.

    Unamuno lo vio:


«Perdónalos, Señor, son ignorantes 

de lo que haciendo están»: y en Ti fiados,

siguen haciendo lo que hacían antes 

de Tú venir, y se hacen desgraciados.


    ¡Que nos haga cambiar, Señor, tu muerte y tu indulgencia!


CUESTIONARIO

· ¿Agradezco al Señor la indulgencia y compresión con que excusa mis pecados?

· ¿Soy comprensivo e indulgente con la ignorancia de los que pecan o juez severo- les recrimino acentuando su culpabilidad?

· ¿Empleo con los que me ofenden la medida que Dios emplea conmigo cuando me perdona?