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Adoración Nocturna Española

 

Adorado sea el Santísimo Sacramento   

 Ave María Purísima  

 

 

2019

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Temas de reflexión

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EL CORAZÓN DE JESÚS Y LA EUCARISTÍA


      Toda oración exige levantar el corazón a Dios, es decir, encuentro  de un  ser personal con un Ser personal. Nunca la oración es soliloquio, ni voz que se pierde en el vacío. El verdadero fruto de toda oración –vocal, mental o contemplativa- es  el ir haciendo nuestra voluntad una con la de Dios.

      Centramos  ahora nuestra reflexión en la oración mental, o meditación que Don Luis la propiciaba mediante la “lectura meditable”,  como medio espiritual para adentrar a sus adoradores, vigilantes nocturnos, en el camino de perfección, o  sea, abrirles  la senda de la oración para alcanzar el  objetivo más preciado, que no es otro que alcanzar amor.
Bien conocía que la perfección no se alcanza por pensar mucho, sino por amar mucho, como le enseñó santa Teresa. Con su vivacidad nos da la clave, “porque la sustancia de la oración no está en pensar mucho, sino en amar mucho... y amar es complacer a Dios en todo".

      En Don Luis es frecuente encontrar en sus textos que pase, casi sin darnos cuenta, de la meditación a la contemplación, o presencia de Dios o recogimiento. 

      La meditación es ejercicio necesario previo.  Consiste en preparar la tierra y quitar las piedras, para hacernos más abiertos a Dios, a confiar en El, a amarle mejor.   Pero la contemplación y la oración de silencio son mejores aún, pues nos llevan inmediatamente a un contacto directo personal con el Señor.  Don Luis sabía que el fin de la meditación  era “encender el fuego en los corazones”

       El camino común exige propedéuticamente pasar en cada vigilia de adoración por la media hora de meditación  que Don Luis concibió como  una escuela práctica, como un método o modo práctico de que el seglar aprenda a meditar, escalón de la oración  y medio de llegar a ella  y  ….nuestra mayor aspiración.”

      La meditación es un trabajo intelectual con el que se busca mover la voluntad hacia un mejoramiento espiritual. La lectura meditativa que Don Luis prescribía para la media hora de oración silenciosa en cada vigilia, es una medida pedagógica que pretende ante todo iniciar al adorador en otro modo de oración que amplía la experiencia de la oración vocal más universal. Pero no es un fin en sí misma, sino una etapa en un camino, cuya meta es siempre amar y más amar a Jesucristo. La meditación está ordenada hacia la contemplación. Advierten los maestros de oración que “si estando en meditación, el Espíritu Santo nos da la gracia de recogernos en silencio o de darnos contemplación, no podemos tratar de seguir meditando.” Dice uno  de ellos con gracia: “No podemos decirle al Espíritu Santo:“un momentito, pues  estoy haciendo mi meditación”. 

      En el C.I.C. se nos enseña con claridad:

      “2705 La meditación es, sobre todo, una búsqueda. El espíritu trata de comprender el porqué y el cómo de la vida cristiana para adherirse y responder a lo que el Señor pide. Hace falta una atención difícil de encauzar. Habitualmente se hace con la ayuda de algún libro, que a los cristianos no les faltan: las sagradas Escrituras, especialmente el Evangelio, las imágenes sagradas, los textos litúrgicos del día o del tiempo, escritos de los Padres espirituales, obras de espiritualidad, el gran libro de la creación y el de la historia, la página del “hoy” de Dios.”  Todo ayuda a la meditación, desde la composición del lugar ignaciana, el suceso que nos ha ocurrido o los libros adecuados de lectura.

      Santa Teresa de Calcuta advierte a sus hijas:

      “Ciertamente podemos pasar un tiempo en la capilla; pero percibir en vosotros, con los ojos del alma, el  amor con que Él os mira, conocer verdaderamente al Jesús vivo, no desde los libros sino por haberle dado hospedaje en vuestro corazón. Entonces habréis entendido sus palabras de amor. Esta es la gracia que debéis pedir.  Él tiene el deseo ardiente de ofrecérosla.  No abandonéis nunca este contacto íntimo y cotidiano con Jesús como persona real viva y no como una pura idea.  Cómo podremos pasar, dice la santa, ya un solo día sin escuchar decir a Jesús “yo te amo”. Es imposible.  Nuestra alma necesita esto igual que nuestro cuerpo necesita respirar; de lo contrario la oración muere y la meditación degenera en simple reflexión.”

      Admirablemente el calendario litúrgico nos ofrece a los adoradores dos fiestas entrañables: El Corpus y el Sagrado Corazón. No son dos fiestas distintas sino dos facetas de una misma prodigiosa realidad: El Santísimo Sacramento es el Sagrado Corazón de Jesús que se ha quedado entre nosotros, un deseo infinito de amar y ser amado que desea ser consolado y complacido, tan sensible que siendo Dios se ha hecho vulnerable por la indiferencia, los desprecios, las ingratitudes y sacrilegios pero que todo lo soporta por la esperanza de nuestra reparación,  que no es otra que nuestro amor.

      Hay un documento admirable de Don Luis que conviene conocer como padres y como adoradores. Las cartas que escribió a su hija Espiritusanto para prepararla a su primera comunión. Buscad la cuarta en la que le habla con el cariño de un padre y la fe de un santo de la unidad que existe entre Eucaristía y Corazón de Jesús. Os ofrezco un fragmento en la que percibiréis que lo que escribe es fruto de haberlo meditado largamente junto al Sagrario. No hay reflexión fría; hay ternura hacia su hija, hay amor al Señor y hay mirada providente ante los más inesperados acontecimientos. Meditemos de la mano de Don Luis:

      “CARTA CUARTA

      María del E.: Hija de mi alma;…Hoy me sirves de pretexto para tratar de la devoción al Corazón deífico de Jesús, que late en el Santísimo Sacramento del Altar, y que es el amante de todos los hombres y su amigo, especialmente de los desgraciados.

      Es una profecía realizada que el Señor en los últimos tiempos será adorado en esta forma, que forma una de las más tiernas en que pudo inspirarnos, porque se trata, por decirlo así, de su corazón, que es el trono y asiento de los afectos humanos….
Cuando nos referimos á una persona que ama, se habla de su corazón como del lugar de su afecto y del punto de donde parte la expresión de él, sobre todo cuando nos referimos al amor de Jesucristo á los hombres.

      El Verbo divino, habiendo tomado un cuerpo humano, tenía y tiene integralmente los mismos órganos que los individuos de este linaje; en el Señor, en cuanto hombre, como en todos, es el corazón el punto cardinal de la vida orgánica y sensitiva, y el paraje á donde confluye la sangre toda para volver á esparcirse por todo el cuerpo, y así como no se vive sin sangre, aquella noble entraña, al paso que es motor de la vida, so ha convenido en significar por ella el afecto , que es el móvil de nuestra vida de relación.

      Por otra parte, es indudable que Jesucristo reside sustancialmente en la Hostia consagrada, y está en el Sacramento con todos los elementos de su vida, y por tanto se infiere que allí reside su corazón.

      Sentados estos hechos, que son de Fe, vendrás á comprender que el Corazón de Jesús se aposenta sacramentalmente en el Sagrario y que, por lo mismo, puede el cristiano establecer relaciones con nuestro Señor Jesús por medio de un culto especial, ya que se halla presente allí realmente bajo las especies consagradas.

      En tu edad inocente todavía es cuando se establecen mejor las afinidades del afecto y se labra la educación cristiana que estás recibiendo; y como ésta no tiene otro fin que discernir cuál es el mejor objeto de tu amor, y el modo de fundamentarlo sobre bases sólidas y duraderas, para toda la vida, de aquí que te recomiende yo esta hermosa devoción. Porque dicho se está que el príncipe de nuestros amores es el que puede adquirirse y estrecharse con Nuestro Señor Jesucristo, puesto caso que el amor que el Señor nos tiene es el mayor, el más puro, el más acendrado, y de su parte el más exento de todo interés, aunque para nosotros sea el más útil y provechoso al objeto de alcanzarnos la vida eterna.

      Tal vez para esto mismo, y sólo para esto, el Señor, que todo lo dispone con suavidad, tocando los fines más distantes con fuerza, te alejó por algún tiempo del torbellino del mundo, colocándote por medios inopinados en un lugar á propósito para que le ames y para amarte más y para probarte Él suavísimamente su afecto.

      ¡Pobres de nosotros, que no conocemos por qué ni para qué acontecen las cosas, toda vez que está escrito que los juicios de Dios encubren muchos abismos!”