Temas de reflexión

ADORADO SEA EL SANTISIMO  SACRAMENTO
AVE MARIA PURISIMA

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DICHOSOS LOS LIMPIOS DE CORAZÓN

    "Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt 5,8). ¿Quiénes son los limpios? Se entiende fácilmente lo que es la mansedumbre, la misericordia, la paz interior, todas ellas virtudes bienaventuradas. Pero, ¿quienes son "los limpios de corazón"? ¿Quién, salvo los niños, siente el corazón puro? Ellos, los niños, sin duda, lo tienen. Cristo mismo lo dijo en una ocasión memorable con profusión de detalles: "Presentaron a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó" (Mc 10,13-14). En dos ocasiones se le ve a Jesús enfadado, en esta y con los mercaderes del templo. Es cierto que recriminó a los hijos de Zebedeo, cuando pugnaban por quién tendría el primer puesto en el reino de los cielos, y que recriminó severamente a Pedro "Apártate de mí, Satanás" cuando éste quiso disuadirle para que no lo prendieran. Pero no son enfados propiamente dichos, sino recriminaciones sin acritud. Cuando realmente se enfadó es cuando vio prostituída la Casa de Dios, y cuando los discípulos, con la mejor buena fe, quisieron impedir que los niños le molestasen. "Jesús se enfadó y les dijo: Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis; de los que son como ellos es el Reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él" (Mc 10,14-15). El evangelista añade: "y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos". Como si con esta actitud abrazase y bendijese a cuantos conservan como los niños, limpio el corazón.

    ¿Quiénes son éstos a los que Jesús ha puesto como modelos, y quien no acepte el Reino de Dios como un niño no entrará en él? Quien tenga el corazón puro es incapaz de doblez; la envidia no tiene cabida en él; la insidia, la trampa, las segundas intenciones son opuestas a su talante; la soberbia, el engreimiento y la prepotencia son alimañas que se guarecen en sus antípodas. No hay dolor en sus actos ni en su boca, incluso en sus yerros actúa de buena fe.

    Con todo lo que distingue al limpio de corazón, lo que constituye su esencia, es su disponibilidad natural, no forzada, a escuchar, creer y seguir la palabra de Dios con la confianza ciega de un niño que atiende las enseñanzas, advertencias y consejos de su padre o de su madre, en la seguridad, sin fisuras, de no ser engañado ni confundido por ellos, por mucho que no entienda las últimas razones de tales advertencias, consejos y enseñanzas.

    Para aceptar y amar las Escrituras hay que leerlas y escucharlas con un corazón puro y limpio, aunque no se entiendan los misterios de la encarnación del Verbo o el pasaje de la transfiguración, del mismo modo que el niño acepta lo que no entiende, fiándose de la autoridad y del amor de su padre.

    Esta conciencia de la limitación finita de la propia inteligencia frente a la sabiduría infinita, esta aceptación de que hay verdades que exceden al entendimiento humano, no son compatibles con el soberbio, pero sí con los que tienen puro su corazón, como un niño, porque el que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.

    La aceptación de verdades sobrenaturales, inalcanzables por el humano entendimiento, ha sido puesto de manifiesto por innumerables científicos de corazón puro. Así fueron: Alberto Einstein "La ley del cosmos revela una inteligencia de tal superioridad, que comparada con ella todo pensar humano es insignificante"; Newton "¿De dónde aparece todo ese orden y belleza que vemos en el mundo? ¿No parece claro que existe un Ser inteligente?; Bermudo Meléndez "Cuanto más investigamos el mecanismo del proceso de la evolución, tanto más comprendemos la realidad de la existencia de una inteligencia infinita capaz de haberlo programado todo"; Marañón "Es evidente que la ciencia, a pesar de sus progresos increíbles, no puede, ni podrá nunca, explicárnoslo todo. Cada vez ganará nuevas zonas a lo que hoy nos parece inexplicable; pero la raya fronteriza del saber, por muy lejos que se le lleve, tendrá siempre delante un infinito mundo misterioso, a cuya puerta llamará angustiosamente nuestro por qué, sin que nos den otra respuesta que una palabra de Dios”. La ciencia y la fe se acercan hasta tocarse. Aunque esto sólo lo entiendan hoy los que, libres de todo prejuicio, tengan el corazón limpio como el de los niños, porque "Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios".

Comentario

  1. "Limpios de corazón", los niños y los sabios sin prejuicios, ¿con quienes me quedo?
  2. ¿Qué cualidades veo en el "limpio de corazón"? ¿Lo soy yo?