Temas de reflexión

ADORADO SEA EL SANTISIMO  SACRAMENTO
AVE MARIA PURISIMA

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DICHOSOS LOS POBRES

    "Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos" (Mt 5,3). "Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios" (Lc 6,20). Los pobres son aquellos que confían enteramente en Dios y viven siempre abiertos a él en esperanza inquebrantable. Jesús proclama esta bienaventuranza con la fuerza y convicción que le da su propia experiencia de pobreza y felicidad. El siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza. La felicidad radica, no fuera del hombre, sino dentro de él. "¿Por qué buscáis la felicidad, oh mortales, fuera de vosotros, cuando la tenéis dentro de vosotros mismos" (Boecio, siglo V-VI).

    Cuando el Señor nos dice "Dichosos los pobres" está invitándonos a ser libres frente a los bienes que pueden esclavizarnos, degradarnos, sumiéndonos en la infelicidad. "Cristo no prohíbe enriquecerse, sino hacerse esclavo de las riquezas: quiere que usemos lo necesario, pero no que guardemos avariciosamente" (S. Juan Crisóstomo). "Así como las riquezas son un impedimento para los malos, son también ocasión de virtud para los buenos" (S. Ambrosio). Al joven rico Jesús le pide que venda todos sus bienes y le siga. En cambio, Zaqueo el publicano se muestra muy generoso a la hora de restituir lo cobrado indebidamente, sigue siendo un hombre rico, muy grato a los ojos de Dios, porque ha demostrado su capacidad de estar desprendido.

    Todo hombre tiene derecho a la pobreza cristiana. Pero resultaría un sarcasmo pedir una pobreza voluntaria a quien apenas puede satisfacer sus más elementales necesidades. Por lo tanto, la primera obligación de un buen cristiano, en este campo, es conseguir que su prójimo, cualquiera que sea, disponga de un razonable grado de bienestar para poder practicar el desprendimiento. El Señor no dijo "empobreceos los unos a los otros", sino "amaos los unos a los otros". Y el amor de Cristo nos debe impulsar a luchar, con todos nuestros medios, contra la miseria material que degrada al hombre y ofende a Dios. "Lo superfluo de los ricos es lo necesario de los pobres" (S. Agustín). Jesucristo, ante la viuda pobre que echa en el cepillo del templo las dos únicas monedas que poseía, se conmueve. "Los demás echaron para la ofrenda de Dios lo que les sobraba, mientras ella echó de su indigencia todo lo que tenía". Hay quienes se desprenden, como esta viuda, de lo que no les sobra, pero son muchos más los que no se desprenden ni de lo que les sobra, y sólo se preocupan de acaparar y amontonar.

    María en el Magníficat glorifica al Señor y su espíritu se alegra en Dios, su Salvador, entre otras razones, porque "a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos". El problema de los ricos no es tanto su riqueza como el no desear los bienes divinos. Se les presenta tan completa la riqueza de bienes materiales que, atrapados por ese espejismo, llegan a pensar que les son suficientes. Y, por supuesto, les cuesta mucho el compartir- los. La desgracia del rico es que nunca llega a conocer la alegría del compartir.

    Hoy día, el hambre, que se sigue enseñoreando en buena parte de la población mundial, es una vergüenza para la humanidad, porque es consecuencia del egoísmo y de la injusticia de los hombres. Es inadmisible que nos resignemos a que el hambre en el mundo se institucionalice y se convierta en un mal endémico. Es necesario que seamos capaces de ver a Cristo en todos y cada uno de los hombres, y saber ejercitar la imaginación para verlo incluso en los que no vemos. Frente a los egoísmos, nacionalismos y separatismos se alza la universalidad, la catolicidad de la Iglesia, depositaria del mensaje de Cristo, para quien todos los hombres son iguales y todos, no los de este o aquel país, tienen el derecho fundamental de no vivir esclavos de la miseria.

    "En ningún sitio condena Cristo la mera posesión de los bienes terrenos en cuanto tal. En cambio, pronuncia palabras muy duras para los que utilizan los bienes egoístamente, sin fijarse en las necesidades de los demás" (Juan Pablo ll). Bienaventurados quienes no se resignan a la pobreza ajena, por lejana que esté, y reconocen el derecho fundamental de todos los hombres a no vivir esclavos de la miseria.

Cuestionario

  1. El modelo de Cristo. "Siendo rico se hizo pobre para enriquecernos. ¿Le imito?

   2. ¿Creo que son dichosos "los pobres de espíritu" porque no son esclavos y saben compartir?