De méritos infinitos
El mes de noviembre la Iglesia reza de una manera especial por los fieles difuntos. La Adoración Nocturna siempre respira con la Iglesia, y por ello dedicamos nuestras vigilias, ordinarias o extraordinarias de este mes a encomendar a nuestros hermanos, familiares, amigos, y especialmente los miembros de nuestra asociación eucarística que ya han partido a la casa del Padre.
No hay mejor manera de hacerlo que pedir por ellos en la Comunión de nuestra noche de adoración. Sabemos que durante nuestra vida, con nuestras buenas obras y movidos por la gracia divina intentamos hacer méritos para el cielo. Y sin embargo, todos percibimos que este gran regalo está muy por encima de nuestras posibilidades. Por suerte también sabemos que el Corazón de Cristo hizo méritos infinitos, con cada acto, cada pensamiento, cada deseo Cristo merece la gloria, no sólo para su humanidad sino para toda la Humanidad.
Este es nuestro descanso, y el principal apoyo de nuestra oración por los difuntos. Pedimos que los méritos de Cristo, completen allí donde no llegaron nuestras pobres obras, que purifiquen donde nuestra debilidad manchó el fruto y que nos alcance definitivamente el descanso de la patria.
Luis de Trelles nos enseña a paliar los sufrimientos de las almas purgantes a través de las virtudes del Corazón de Jesús. Pensemos hoy en nuestros difuntos, y pensemos también en los méritos de Cristo, y estableciendo esa relación entre nuestra falta y su abundancia, intercedamos por muchas almas para que puedan alcanzar el cielo. Rezar por vivos y difuntos es la obra de Misericordia que hoy nos pide la Iglesia. Entreguémonos de lleno a practicarla. Trelles lo hacía así:
"Yo os ofrezco, Dios mío, esta Comunión por el alma de mis hermanos fallecidos en la Santa Iglesia Católica, nuestra madre común. Yo os la ofrezco recordando, venerando y aplicando los méritos infinitos y las virtudes inefables de esta hostia santa, pura e inmaculada, que quiso ofrecerse en la Cruz por la salvación del linaje humano, abrasada en el amor más puro y desinteresado. Ved Dios mío ese fuego inextinguible que compensa infinitamente el fuego impuro que ardió en el pecho de nuestros hermanos difuntos. Os ofrezco, Señor, en su nombre todos y cada uno de los méritos incomparables de aquella inmolación perfectísima del Corazón Divino de Jesús en el árbol santo que nos dio fruto de redención; las virtudes de Jesús, como compensación de los vicios de los que allí sufren; el amor infinito de Dios Hijo a su Padre, por la tibieza y desamor de aquellos; y las acciones perfectísimas todas de Jesús, por las imperfecciones todas inherentes a nuestra mísera humana condición. Os ofrezco la caridad sobre excelente y sublime que se anida en el Corazón de Jesús, que reside en el Sacramento Augusto de nuestros altares, como oferta y prenda suficiente a pagar la deuda que solventan en el purgatorio nuestros hermanos difuntos, especialmente aquellos que me estaban unidos por los vínculos de la sangre o del afecto, y de aquéllos que estén más necesitado y que fueron más devotos del Sacramento del Altar" (Trelles, LS 2, 1871)
Si la vida de Cristo no bastara para llenar de méritos su alma, su muerte entregándose, inmolándose por amor, claramente multiplicó esos méritos hasta el infinito. Quien vive con Cristo, quien muere con Cristo, sabe que también ha de resucitar con él. No pedimos otra cosa para los fieles difuntos
¿Quieres encomendar a algún difunto en particular?
¿Te acuerdas de las almas del purgatorio en alguna ocasión especial?
¿Les debes algún favor?