“Soberano Jesús Sacramentado: Señor de las virtudes, mi Dios, mi rey, mi amor. Os adoro con todo mi ser en ese trono del altar. ¡Oh corazón divino, fuente de caridad! Haced que os ame de veras. Haced que os ame siempre. Haced que os ame más. Haced que todas mis obras, deseos y pensamientos, absolutamente todos, sean fruto de vuestro amor. Así sea.” (LS V14 1883 p.354)
"Soberano Señor Sacramentado" era una expresión muy querida para Luis de Trelles. Con ella empezó la oración de presentación de adoradores que él mismo escribió, pero también otras muchas.
En esta expresión se unen dos atributos preciosos del buen Jesús: su soberanía y su presencia en el Sacramento por antonomasia. Parecerían características contradictorias, se diría que alguien que es soberano, que tiene la última palabra del gobierno, de la ley y de la justicia no puede a la vez esconderse bajo la humilde apariencia del pan.
En nuestro mundo a los soberanos se les rodea de pompa y boato para impresionar a los súbditos, en el mundo divino, el Soberano por excelencia se esconde en la pequeñez y cotidianidad para acercarse a nosotros por amor. ¡Qué diferente es la lógica de Dios!
¡Qué privilegiados somos de conocer este secreto que ha sido revelado a los sencillos para poder acercarnos con familiaridad ante nuestro Rey cada noche de vigilia! Él merece todo nuestro amor y que todo en nosotros provenga de su Amor y tienda a su Amor.
Trelles también llama a Jesús "Señor de las virtudes". Es un título precioso. Toda virtud puede verse brillante en el corazón de Cristo: la prudencia, la justicia, la templanza, la fortaleza…. Pero por encima de ninguna otra la caridad. En su pecho encontramos la fuente de esta agua viva que tanto necesita el mundo. Cuando la sed nos oprime, cuando la piel se nos agrieta… acudamos a la fuente, hidratemos nuestra alma.
¿Cómo puede ser un altar a la vez un trono? ¿Acaso no es el altar donde se sacrifica la víctima? ¿Cómo puede ser también el lugar donde se asienta el príncipe? Sólo cuando es el mismo Rey quien se ofrece como Víctima de Amor por sus súbditos, cuando su Ley es la de la entrega…. Entonces sí, el altar es el trono, no en vano la Cruz estaba rematada por aquellas palabras: Jesús Nazareno, Rey de los judíos
En esta noche de adoración pidamos con Luis de Trelles un amor verdadero, eterno y total hacia el Corazón de Jesús que se nos entrega como rey y como víctima, como soberano y como sacramento, como Dios y como alimento.
¿Recuerdas alguna otra oración apropiada para el momento de la exposición?
¿Qué virtudes te parecen más visibles en Cristo?
¿Cómo podemos unirnos al reinado y al sacrificio de Jesús?