Temas de reflexión

ADORADO SEA EL SANTISIMO  SACRAMENTO
AVE MARIA PURISIMA

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Reflexiones sobre la Fe.- XII.- Creo en la Comunión de los Santos , el perdón de los pecados.



    La Iglesia, “familia de Dos”, es también “comunión de los santos”. La expresión «comunión de los santos» indica, ante todo, la común participación de todos los miembros de la Iglesia en las cosas santas: la fe, los sacramentos, en particular en la Eucaristía, los carismas y otros dones espirituales; y designa también » designa también la comunión entre las personas santas, es decir, entre quienes por la gracia están unidos a Cristo muerto y resucitado. Unos viven aún peregrinos en este mundo; otros, ya difuntos, se purifican, ayudados también por nuestras plegarias; otros, finalmente, gozan ya de la gloria de Dios e interceden por nosotros. Todos juntos forman en Cristo una sola familia, la Iglesia, para alabanza y gloria de la Trinidad.

    El Señor rezó al Padre pr la unidad de esta familia, para que todos viviéramos la “comunión de los santos”: “Pero no ruego sólo por éstos, sino por cuantos crean en mi por sus palabra, para que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, para que también ellos sean en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado” (Juan 17, 20-21).

    La “comunión de los santos”, que vivimos con Cristo en la Eucaristía, es el reflejo, y a la vez, manifestación de la unión entre toda la Iglesia en el cielo y en la tierra: la Iglesia militante, que vive en la tierra; la Iglesia purgante, que se purifica en el Purgatorio; la Iglesia triunfante, que goza ya de Dios en el Cielo.

    Los santos, y la Virgen María, Madre de Dios de manera más excelsa, interceden por nosotros, cristianos peregrinos en la tierra, ante Dios Padre. La devoción que les tenemos sostiene nuestra debilidad y da ánimos a nuestra esperanza. Así nos lo recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica: “No veneramos el recuerdo de los del Cielo tan sólo como modelos nuestros, sino sobre todo, para que la unión de toda la Iglesia en el Espíritu se vea reforzada por la práctica del amor fraterno” (n. 957).

    ¿Qué puede impedir que los cristianos vivamos esta “comunión de los santos”?

    El único enemigo que el hombre tiene para vivir en esa armonía con Dios y con los hombres es el Pecado. “El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor verdadero con Dios y con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1849).

    El pecado es una realidad en la vida de todo ser humano, excepción hecha de  la Inmaculada Virgen María.  El pecado es la acción del hombre contra el Amor y la Palabra de Dios; o sea, es la acción del hombre que se opone al plan Creador, Redentor y Santificador de Dios. El pecado, junto a la ofensa a Dios, origina un gran daño en el mismo hombre.

        Como consecuencia del pecado, el hombre ve a Dios con temor, pierde la confianza en la bondad de Dios, y quiere ocultarse a la mirada de Dios, como hizo Adán en el relato bíblico; no reconoce a Dos como verdadero padre amoroso, y huye de Él, y destruye así toda buena “armonía” en la “familia de Dios”.

    Al perder esa confianza, al dejar de mirar a Dios, la inteligencia del hombre no contempla la creación como la contempla Dios; se hace egoísta, busca sólo su propia utilidad.  No goza en vivir los mandamientos de Dos, y no se ve unido en la fraternidad a todos los demás hombres, hermanos suyos por ser hijos de Dios.

    El hombre que se obstina en el pecado acaba no reconociendo la dignidad de las personas, y aprueba el aborto. Rechaza la donación y entrega total en la familia, “misterio de amor entre un hombre, una mujer y sus hijos”,  y llega a matar a su hermano, como hizo Caín con Abel.

    Dios, como buen padre,  no es cruel ni vengativo. Las puertas de swu corazón están siempre abiertas al perdón. Busca al pecador para que se arrepienta, como buscó a Adán. Y perdona siempre que el arrepentido se acerca a Él reconociendo su pecado, y vuelve a Él como el hijo pródigo.

    Además del Bautismo, que perdona todos los pecados; para perdonar los pecados cometidos después del Bautismo, Cristo instituyó el sacramento de la Reconciliación o Penitencia, por medio del cual el bautizado se reconcilia con Dios y con la Iglesia, y queda absuelto de todos los pecados cometidos.

    No permitamos nunca que nuestros pecados destrocen la obra de Dios en nosotros. Pidamos perdón, y demos la alegría a Dios de que el sacerdote nos perdone los pecados en Su nombre.

Cuestionario:

 - ¿Coopero con la oración, la limosna y el trabajo, en la misión de toda la Iglesia?

 - ¿Animo a algún amigo a descubrir laalegría de pedir perdón a Dios en el sacramento de la Reconciliación?

 - ¿Pido la intercesión de la Virgen Santísima, y de los santos, para que me ayuden a vivir cada días más cerca de Jesucristo?